
El gobierno de Tamaulipas, bajo la administración del doctor Américo Villarreal Anaya, se ha sumado a la Campaña Nacional de Prevención del Suicidio «Dale color a tu vida», una iniciativa impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Este esfuerzo, que busca generar conciencia y fomentar la participación interinstitucional, es sin duda un avance importante, pero aún insuficiente frente a la magnitud del problema.
El suicidio es un tema complejo, vinculado a factores sociales, económicos y de salud mental que no se resuelven con una campaña de concientización. Si bien el secretario de Salud, Vicente Joel Hernández Navarro, ha resaltado los esfuerzos que se han realizado, como la aplicación de tamizajes en planteles educativos y la realización de cerca de 900 pláticas en 328 escuelas, el número de casos sigue siendo alarmante.
La realidad es que la salud mental requiere una estrategia integral y sostenible. Hace falta un aumento significativo en el presupuesto para atención psicológica y psiquiátrica, la apertura de más centros de salud mental y el fortalecimiento de los programas de atención en crisis. Además, es crucial que los servicios de salud sean accesibles para toda la población, eliminando barreras económicas y sociales que impiden a muchos recibir ayuda.
Es un hecho que la iniciativa «Dale color a tu vida» es un paso importante, pero es apenas eso: un paso. Es imperativo que el gobierno estatal y federal pasen de la concientización a la acción concreta. No basta con hablar del problema, hay que invertir en su solución.
En la intimidad… Un fin de semana en Miramar es un regalo para el alma. El sol bañando la arena dorada, el murmullo de las olas acompañando cada pensamiento y la brisa marina despejando cualquier preocupación. Tampico y su playa estrella ofrecen no solo un respiro del ajetreo diario, sino un espacio para conectar con la tranquilidad que muchas veces olvidamos que necesitamos.
El amanecer en Miramar es un espectáculo de colores que rivaliza con cualquier pintura impresionista: tonos naranjas, lilas y dorados que se reflejan en el mar sereno. Durante el día, las familias disfrutan del agua templada, los niños construyen castillos de arena y las gaviotas sobrevuelan con su característico llamado.
Por la noche, la playa se convierte en un refugio de calma. Caminar por la orilla bajo la luz de la luna, sentir la arena fría entre los dedos y escuchar el vaivén de las olas es una meditación en sí misma. La vida, con sus complicaciones y prisas, parece detenerse por un instante.
A veces, el mejor remedio para la mente saturada es simplemente entregarse a la naturaleza, permitirse respirar y recordar que hay belleza en la simpleza. Y Miramar, con su eterno vaivén marino, es testigo de ello.
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